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Carlos Monsiváis es, para Elena
Poniatowska, el mayor cronista de México y especialmente del Distrito Federal.
Así lo dijo en el discurso que pronunció durante el Encuentro de nuevos
cronistas de Indias, donde habló del difunto escritor quien siempre fue un crítico
y analista del acontecer político y social.
Para la autora de “La noche de
Tlatelolco”, la crónica en Latinoamérica es una respuesta directa a la
necesidad de “manifestar lo oculto, denunciar lo indecible, observar lo que
nadie quiere ver, escribir la historia de quienes aparentemente no la tienen,
de los que no cuentan con la menor oportunidad de hacerse oír.”
Acompañada por algunos de los
cronistas más importantes de la región, Poniatowska describió al género,
híbrido entre el periodismo y la literatura, como el reflejo más claro de los
problemas sociales de una nación.
Hablando de Monsiváis, dijo que él “nunca
quiso ser novelista”, y que su lenguaje y opinión llegaron a personas de lo más
diversas y tuvieron un fuerte peso en la opinión pública.
“Crítico, analista de los
acontecimientos políticos y sociales, biógrafo tanto de celebridades (de
Salvador Novo a Luis Miguel, pasando por Spencer Tunick y Octavio Paz),
Monsiváis es el testigo de todo evento: terremoto, masacre, inundación,
protesta, marcha, coloquio, conferencia, mesa redonda, simposio o manifestación
pública. Siempre he pensado que si a él le gustó tanto que Tunick desnudara a
los mexicanos en el Zócalo y a las mexicanas viejas y jóvenes en la Casa Azul
en honor a Frida Kahlo, es porque él habría querido hacerlo (así como se
disfrazaba de obispo), pero su protestantismo no se lo permitió. Durante los
pasados 30 años resultó indispensable tanto en los actos universitarios como en
los multitudinarios porque reseñaba las tragedias nacionales como las glorias
de la farándula y si comía con el rector Juan Ramón de la Fuente, en la torre
de Rectoría, cenaba con Madonna. Salir en la foto con Monsi era una
consagración, salir con Madonna, una muy probable excomunión. Hoy ya no nos
acompaña la risa de Carlos y su despeinada cabellera blanca. No por nada José
Luis Cuevas lo dibuja como un Quevedo posmoderno, que puede darse el lujo de
burlarse de quien le dé la gana o deshacer a su mejor amigo sin que se enoje.
Sus juicios definieron a los grandes acontecimientos y por lo general tenían
que ver con la buena conducta política y con la moral. Lo llamaban para ser el
comentarista de cuanto suceso importante en México, porque sin él no quedaban
consignados. En el concierto de Pavarotti en el Palacio de Bellas Artes, al
referirse a quienes lo vieron en una pantalla gigante en la calle a pesar de la
lluvia, sentenció: Este es el mejor público porque viene a ver, no a que lo
vean.”
Por María Aranzazú Ayala (@aranhera)

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