La
situación de seguridad en México se ha salido del control de las autoridades. A
pesar de la creciente ola de violencia que sitúa al país como el más peligroso
para ejercer el periodismo y uno de los peores para ser defensor de Derechos
Humanos, el Gobierno parece más preocupado en apagar cualquier intento de
guerrilla, urbana o rural.
La
revista Contralínea publicó un reportaje en el cual revela que la Secretaría de
la Defensa Nacional (Sedena) realiza labores permanentes de monitoreo para
tener el total control militar en las zonas conflictivas, además de impedir el
alzamiento de grupos armados, o acabar con los ya establecidos.
La
inteligencia del Ejército nacional tiene en sus 12 regiones militares un
sistema donde los sargentos, subtenientes y tenientes tienen que dar su parte
del día a los tres comandantes de zona, quienes a su vez pasan la información
al comandante de su región, quien da el parte a la Sección Segundo del Estado
Mayor.
Dicha sección es la encargada de hacer el registro y clasificación así como el fichaje de las personas que pertenecen a grupos “subversivos”. También los individuos que son considerados como incómodos o inconformes –desde activistas a personas que acuden a las marchas– son integrados al sistema de fichaje de la Sedena.
Dicha sección es la encargada de hacer el registro y clasificación así como el fichaje de las personas que pertenecen a grupos “subversivos”. También los individuos que son considerados como incómodos o inconformes –desde activistas a personas que acuden a las marchas– son integrados al sistema de fichaje de la Sedena.
El
principal método de acción de la Inteligencia mexicana es el desgaste de los
grupos armados, buscando que cualquier acción, desde una operación hasta algo
simple como la distribución de propaganda, representen un gran costo y se
vuelva casi imposible.
Con
las organizaciones ya establecidas, como el EZLN, EPR o el ERPI, los soldados
tienen una vigilancia más estrecha, estableciendo un cerco militar y un
constante monitoreo. Con el EZLN no hay tantos problemas, pues la Sedena por
ahora lo tiene catalogado como una “guerrilla buena” de acuerdo al sitio
argentino Comunicación Popular.
Especialmente
en las entidades de la zona centro–sur de México, la Inteligencia militar tiene
un sistema de vigilancia más intenso; anualmente, los soldados mayormente
tenientes y subtenientes que laboran en dichas áreas son enviados a otros países
de Latinoamérica y a Israel para tomar entrenamientos especiales antiguerrilla.
Otra
de las principales tácticas es el desprestigio social –usado por el Gobierno en
otros ámbitos, especialmente notable en el reciente proceso electoral contra
los jóvenes del Movimiento #YoSoy132– es el desprestigio social, pues para que
una guerrilla pueda seguir existiendo es también necesario el apoyo de la
ciudadanía en general. Sin el reconocimiento popular y con la opinión pública
en su contra es más difícil para los grupos armados subsistir.
Por @aranhera

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