¿Cuántos de los candidatos en las últimas elecciones
hablaron de los migrantes indocumentados en México?
¿Cuántos de los aspirantes a cargos públicos
trabajaron en propuestas concretas para garantizar el respeto a los Derechos
Humanos de los transmigrantes para quienes México es un simple paso en su camino
hacia Estados Unidos?
¿Ninguno?
Entre las principales líneas discursivas de los
presidenciables, los aspirantes a diputados, Senadores, ediles y Gobernadores
estaban el desempleo, la pobreza y especialmente la violencia y la inseguridad,
problemas que atacan directamente a la mayor parte de todos los mexicanos –y
con la mayor parte digo más de 70 millones de los 112–.
Durante los dos últimos años, los migrantes
centroamericanos que cruzan México para llegar a Estados Unidos se han
convertido en una de las poblaciones más vulnerables, siendo su vida un botín
que si antes estaba en manos de los polleros y coyotes ahora se lo disputan los
distintos cárteles del narcotráfico que han diversificado sus negocios. Ya no
sólo venden drogas, ahora secuestran, venden piratería, cobran derechos de piso
y trafican personas.
Varias organizaciones y activistas han alzado la voz,
poniendo el tema migratorio en la mira de un amplio sector de la opinión
pública: Amnistía Internacional México, el Padre Alejandro Solalinde, el
Movimiento Migrante Mesoamericano, el Obispo Raúl Vera, el albergue para
migrantes en Tultitlán, Estado de México…
Son muchos quienes trabajan para que a los
indocumentados se les garantice un tránsito digno por el país; además, la
mayoría (más del 95%) no planean quedarse en México, sólo atraviesan el sinuoso
camino de Chiapas Hasta Tamaulipas para alcanzar el Sueño Americano.
“Si nos dejaran, claro que entraríamos bien, por la
aduana, nos iríamos en camión, en los hoteles, todo, nosotros no queremos
entrar así”, dice L., una mujer hondureña que va hacia Reynosa, Tamaulipas, a
buscar a sus hijas gemelas que no rebasan los cinco años.
Algunos aspirantes a puestos públicos mencionaron a
los migrantes –entre ellos el ex candidato presidencial Andrés Manuel López
Obrador (AMLO)–
Y ahora que pasaron las elecciones y que el país se
divide entre buscar invalidar el impuesto “triunfo” del priista Enrique Peña
Nieto, conocido represor detrás de Atenco, y aceptar el fatal resultado de las
autoridades electorales para continuar con la vida diaria, ¿qué político voltea
a ver a los migrantes?
Víctimas invisibles –como se titula la campaña de
Amnistía México–, viajan de albergue en albergue en el lomo de “La Bestia” sin
que ninguna autoridades se ocupe de ellos, mas que para lucrar con sus vidas.
Hay numerosos casos documentados donde presidentes
municipales, policías y funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM)
son aliados de los criminales –por ejemplo en Lara Grajales, Puebla, donde
centroamericanos que han escapado de los secuestradores han denunciado que los
policías del lugar actúan en coordinación con los plagiaros respaldados por las
autoridades–, pero estos criminales nunca son atrapados.
Como la masacre de San Fernando, Tamaulipas, donde 72
centroamericanos fueron hallados muertos, presuntamente a manos de “Los Zetas”.
Pero los verdaderos culpables siguen libres. Los crímenes cometidos contra los
migrantes permanecen en la impunidad –de hecho, como la mayoría de los crímenes
cometidos contra cualquier mexicano que no sea una persona poderosa o un
político influyente–.
Al final de la jornada electoral, las víctimas
invisibles son utilizadas como un mero botín político, de excusa para ganar
votos y simpatías, pero la supuesta política migratoria del Estado mexicano
sigue siendo en esencia un muro de contención que obedece a los intereses
estadounidenses, convirtiendo a la frontera sur de México en la primer frontera
para alcanzar el American Dream.
Por @aranhera

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