Dicen por ahí que los padres no deberían enterrar a sus hijos, que va contra el ciclo de la vida, que no es natural. Tristemente, en México, un país con una historia difícil y en los últimos seis años terriblemente marcada por la violencia y la impunidad, son demasiados los hijos que se van primero: por fuego cruzado, por asalto, por secuestro, por desaparición forzada….
Un día como hoy, hace tres años, 49 niños menores de 5 años murieron durante un incendio en la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora, en una de las peores tragedias de los últimos años. Los padres de los pequeños –de los que murieron y de otros 76 que quedaron con daños permanentes a causa de las quemaduras y de la inhalación de los gases tóxicos– fundaron el Movimiento 5 de Junio, mediante el cual se han unido para exigir justicia.
Existe también la FUUNDEC, (Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila), organización que busca a familiares víctimas de la desaparición forzada, misma que impulsó la caravana de Madres buscando a sus hijos, la cual tuvo un evento el 10 de mayo en el Ángel de la Independencia del Distrito Federal para difundir y sensibilizar los cientos de casos –cuya mayoría son padres y sobre todo madres que están en la búsqueda de sus hijos–.
Sin embargo, no todos los papás han emprendido una lucha tan fuerte, honesta y desinteresada como los sonorenses de la Guardería ABC, con cuya causa se han solidarizado miles de ciudadanos y activistas en todo México, o como las madres de FUUNDEC. Tenemos el caso de otras madres que también han perdido a sus hijos, como Isabel Miranda de Wallace y Lizette Farah, pero cuyas historias se han envuelto de un aire viciado, lleno de protagonismos, parafernalia y oprobios.
Lizette, madre de la pequeña Paulette, fue sumamente criticada por su actitud en las entrevistas que ofreció a varias televisoras, principalmente porque su versión era distinta a la de su esposo y demás testigos. La niña no estaba cuando los peritos hicieron la búsqueda, y misteriosamente apareció días después entre el colchón de su propia cama. El caso que centró la atención de todo México se desvaneció poco a poco hasta la semana pasada, cuando un artículo periodístico reveló que la madre exige una indemnización al Gobierno del Estado de México por 531 millones de pesos, además de exhibir fotos de su cuenta privada de Facebook donde se la ve de lo más contenta en Las Vegas, de fiesta con amigos –entre los que destacan una de las “Ladies de Polanco”, Azalia, quien se volvió tema del momento en las redes sociales por agredir, en estado de ebriedad, a un policía–.
Por otra parte está la señora de Wallace, amiga de Felipe Calderón y fundadora de la organización “Alto al Secuestro”, quien “encontró” a los presuntos plagiarios de su hijo y actualmente es candidata del PAN al Gobierno del Estado de México.
Cada quien vive sus duelos de manera diferente, pero el hecho de pedir dinero y buscar un puesto político para tener más poder y recursos está muy alejado de exigir justicia. Isabel Miranda y Lizette Farah no marchan por horas, no tienen que pedir fondos, no caminan con las demás víctimas ni se paran a las puertas de las distintas dependencias haciendo huelgas de hambre y lecturas de sus pliegos petitorios, no tienen que dejar por momentos sus trabajos para luchar para obtener lo que es suyo: la justicia.
Los padres de los pequeños de la Guardería ABC y todos los de FUUNDEC que buscan a sus hijos sin perder la esperanza son un ejemplo de fuerza y de sinceridad, son la muestra de que en México, aunque la impunidad y la injusticia son la regla, hay miles de personas que no se venden y cuyo valor contagia a muchos más, dándoles ánimos para seguir en el camino ; para otros, la muerte de un hijo significa fama y dinero, y para los amigos del presidente, al parecer ser que la fórmula equivale un puesto político.
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