Con un formato distinto, que incentivaba una mayor
interacción entre los adversarios, se realizó ayer el segundo debate entre los
cuatro candidatos a la Presidencia de la República. Sin embargo, en opinión de
analistas, periodistas, activistas en redes sociales y ciudadanos, no hubo el
intercambio de descalificaciones o ataques que se esperaba entre los
contendientes.
Más allá de los señalamientos personales o por
trayectorias viciadas que se esperaba, quedaron ausentes temas coyunturales de
vital importancia para el país, como los saldos de la guerra contra el narcotráfico, amén de la fusión de Televisa y Iusacell en el mercado de la
telefonía celular.
Tampoco se abordaron otros tópicos previos en la
agenda de la campaña, como el apoyo de Televisa a la candidatura de EnriquePeña Nieto reportada por The Guardian; el supuesto pase de charola de miembrosdel equipo de Andrés Manuel López Obrador a empresarios y la guerra sucia
contra el tabasqueño, emprendida por Vázquez Mota, a través de la tergiversación de su discurso en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en un mitin con jóvenes.
Particularmente llamó la atención que los candidatos
que disputan con más vigor la Primera Magistratura, el priista, Enrique Peña
Nieto, y el izquierdista, Andrés Manuel López Obrador, no se lanzaron cuestionamientos,
críticas ni ataques, un comportamiento que expertos consideran propio de
postulantes que se saben adelante en las intenciones de voto y que intentan evitar
confrontaciones que les hagan perder simpatías.
La abanderada derechista, Josefina Vázquez Mota,
también obedeció a la lógica de quien va perdiendo y se dedicó a intentar
recuperar terreno repartiendo acusaciones a todos sus adversarios.
Los candidatos presidenciales, con el presidente consejero del IFE, Leonardo Valdés Zurita y el periodista, Javier Solórzano, quien fungió como moderador del debate. Foto: tomada de internet
Gabriel Cuadri de la Torre, el candidato de la
franquicia electoral de Elba Esther Gordillo Morales, pretendió volverse a
plantar como un abanderado ciudadano, ajeno a la política –como sucedió en el
primer debate., pero, a juzgar por los sondeos de opinión posteriores, ya no lo
consiguió.

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