Cada tres de mayo, desde hace ya casi dos décadas, se conmemora el Día Internacional de la Libertad de Prensa. Sin embargo, en México, la situación para los periodistas, reporteros y fotoperiodistas se vuelve cada día más crítica. Cualquiera que se dedique a informar corre peligro: ya sea por parte de las autoridades o de los grupos del crimen organizado –desde los sicarios hasta los altos capos–, al publicar o tocar algún tema “incómodo” o “prohibido” se está firmando una sentencia.
Supongo que todos los
periodistas en México saben de los riesgos de la profesión, cuando contar la
verdad –o al menos tratar de relatar una historia sin beneficiar u ocultar nada
para no “perjudicar” a algún personaje– es casi tan peligroso como estar en
medio de una balacera y ser un daño colateral más del fuego cruzado, como más
de 50 mil mexicanos y mexicanas, como más de 80 reporteros.
Este “Día mundial de la
Libertad de Expresión” se festeja con tres cruces más en el interminable
cementerio de la guerra de Felipe Calderón, nuevamente en Veracruz.
Gabriel Huge y Guillermo
Luna, del diario Notiver, junto con un reportero del rotativo AZ, fueron
encontrados este jueves junto con otra mujer aún no identificada en el puerto
que alguna vez fue la principal playa para los habitantes del centro del país,
un lugar de fiesta constante, con clubes que no cerraban, gente amable y su
cercanía de sitios como Boca del Río.
Tan sólo el sábado pasado
fue asesinada en su propia casa Regina Martínez, corresponsal de la revista
Proceso, en Xalapa, otro de los lugares que en cuestión de meses se han
convertido de tranquilos centros de estudio y turismo a comunidades casi
fantasmales, con toques de queda involuntarios, donde ahora todos se miran con
desconfianza y tienen miedo.
Pese a que la semana
pasada fue aprobada la Ley para proteger a los periodistas y defensores de
Derechos Humanos –otra de las poblaciones más vulnerables a afectadas por la
creciente ola de violencia– sus supuestos beneficios no se han puesto en
práctica.
En México se siguen
asesinando informadores, defensores, personas que van caminando, niños de
brazos, ancianos, madres de familia, mujeres embarazadas, criminales,
policías…. La lista es interminable.
Ahora sólo queda reflexionar
acerca de la lucha por nuestra libertad. La de expresarnos, de decir lo que
queremos y de cuestionar lo que no entendemos. El protestar es una
consecuencia; las ONG afirman que “no deberían existir” pues su presencia
implica que se siguen llevando a cabo violaciones a los Derechos Humanos y
lastimando a miles de personas.
Pese a que hay muchos
frentes abiertos, el periodismo es el delgado hilo que los atraviesa todos. El
periodista se vuelve muchas veces el aliado de los activistas, los acompaña y
en ocasiones termina también inmerso en su lucha, comprometido y trabajando a
su lado.
El reportero, el que sale
a buscar la noticia para difundirla es, de acuerdo a algunos, aliado natural de
la sociedad, la cual muchas veces “no se da cuenta de lo necesario que es.” En
otros países, el aparato de Estado gasta cantidades exorbitantes de dinero y
tiempo para silenciar las voces que denuncian los abusos, incluso a quienes lo
hacen por internet. En Veracruz, lugar más peligroso del mundo para ejercer el
oficio de periodismo, su Gobernador Javier Duarte de Ochoa pretendía encarcelar
a dos twitteros ciudadanos, mientras
en sus manos sigue escurriendo la sangre de ya cinco comunicadores que han sido
asesinados en dicha entidad.
Hoy, en este preciso día,
México está de luto. Mañana, a la misma hora, también lo estará, al igual que
antier, en una semana y hace ocho meses.
Por
@aranhera

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