El pasado miércoles 16 de mayo se llevó a cabo el
evento “Toma la Bestia”, en el cual un grupo de activistas montaría el tren de
carga en el que viajan los migrantes centroamericanos, en el tramo de Apizaco,
Tlaxcala, hasta Celaya, Guanajuato, para visibilizar especialmente esa zona que
es una de las menos atendidas tanto por las autoridades como por la opinión
pública.
Posteriormente, pese a que el tren estaba programado
para salir a las 15:00 horas rumbo a Tultitlán, Estado de México, el vagón en
que estaban fue desenganchado y el contingente tuvo que esperar en la estación.
El tiempo fue pasando y algunos se fueron yendo, quedando finalmente un grupo
de 17 migrantes y siete activistas.
“Corrí a despertar a mis compañeros para ir a ver qué
sucedía. Fuimos al lugar, lo primero qué vi fueron dos ambulancias del lado
izquierdo de las vías y una más del lado derecho...yo no escuchaba nada, solo
veía luces y gente...Pedro ahí tirado con vendas en el pie llenas de sangre: la
bestia se había tragado su pie", relata.
Luego de la conmoción, Pedro Aguilar Venegas, de 22
años de edad y originario del departamento de Lloroque, Honduras, fue llevado a
la Cruz Roja; hasta el momento no se sabe si venía bajando de La Bestia o
intentaba subir. Una pequeña comisión permaneció en Apizaco para monitorear el
estado de salud del joven.
Hasta poco después de las cuatro de la mañana del
jueves 17 de mayo llegó el tren rumbo a Tultitlán, y la caravana arribó al
Estado de México –entidad número uno en feminicidios luego del Gobierno de
Enrique Peña Nieto– donde se realizó una ceremonia religiosa por los 49 cuerpos
encontrados en Cadereyta, Nuevo León.
Fue antes de medianoche que los activistas y
migrantes –entre ellos una mujer embarazada y varios que subían a La Bestia por
primera vez– montaron el tren rumbo a Guanajuato, resolviendo no pasar por
Tequisquiapan, Querétaro, debido a las delicadas condiciones de seguridad. El
vuelo de un helicóptero acompañó los primeros minutos del nuevo trayecto.
Un migrante se acercó a los activistas, informando
que había escuchado de otros compañeros que a uno de ellos “ya lo habían
encargado” para tirarlo del tren en cualquier momento.
Desde ahí tardaron cinco horas para llegar a
Irapuato, Guanajuato, donde antes de la estación de policía un guardia de
seguridad comenzó a aventar piedras, ordenándoles bajar. Los activistas lo
enfrentaron y condenaron el trato inhumano que significa aventar piedras, ante
lo cual, para sorpresa de todos, cambió radicalmente su actitud y hasta les
ofreció alimento.
Al término del evento, los activistas publicaron ayer
un comunicado donde explican y denuncian lo difícil de trayecto, lo que no hace
mas que demostrar los problemas que aumentan en México respecto al fenómeno de
los transmigrantes. Las leyes no ayudan y muchas autoridades siguen ya sea
protegiendo al crimen organizado o protegiéndolo, así como muchas personas
tratando a los centroamericanos como mercancía. No importa si tienen papeles o
no, tienen derecho a un tránsito digno, recordando que “Ningún ser humano es
ilegal.”
Por @aranhera
Fotos por @Garo87
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