El pasado lunes siete de mayo por la
noche fue encontrado el cuerpo de Erik Martínez, periodista hondureño, en una
alcantarilla de la aldea Guasculile, quien perdió la vida por asfixia por
estrangulamiento.
Martínez, de 32 años de edad, fundó
el Movimiento de la Diversidad en Resistencia y era miembro de la Asociación
Kukulcán, organización dedicada a defender los derechos de la comunidad
LGBTTTI. Actualmente aspiraba a un diputación del Partido Libertad y
Refundación (Libre), conformado luego del golpe de Estado en 2009 cuando se
destituyó al ex mandatario Manuel “Mel” Zelaya.
Ante el homicidio, el presidente del
Colegio de Periodistas de Honduras (CPH), Juan Ramón Mairena, dijo en
entrevista con la AFP que “hay muy poca o casi nula investigación de los casos
de la muerte de compañeros; nos han hablado que hay cuatro casos investigados
(de periodistas asesinados) pero no han sido judicializados y no hay nadie
preso por eso. Nos dicen que han muerto no por el ejercicio profesional sino
por otras cosas, pero no dan pruebas.”
Además, desde el inicio de la
administración de Porfirio Lobo en 2009 han sido asesinados 21 periodistas, y 27
desde 2003, según cifras recabadas por la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos hondureña. Este organismo informó también que el año pasado, el país
centroamericano tuvo el índice de homicidios más alto de todo el mundo –86
asesinatos por cada cien mil habitantes–.
Éste es el segundo asesinado de un
comunicador en quince días en Honduras; lamentablemente una situación similar a
la que vive México, donde fueron asesinados cuatro periodistas en menos de una
semana en el Estado de Veracruz.
Por @aranhera

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