El pasado viernes nueve de marzo fue hallada una
osamenta con 167 cráneos humanos cerca de la frontera sur, en el rancho Ojo de
Agua en el Estado de Chiapas.
Las autoridades se trasladaron al lugar luego de
reportes del hallazgo de fosas clandestinas; las primeras notas periodísticas
del mismo día indicaban que, de acuerdo a fuentes oficiales, algunos cráneos
todavía tenían restos de carne y piel. Los restos supuestamente fueron trasladados
a Tuxtla Gutiérrez, para ser analizados.
El rancho está localizado en el Ejido San Juan
Carrizal, ubicado a escasos 18 kilómetros de Guatemala, el cual está dentro de
una de las rutas utilizadas por los migrantes centroamericanos que cruzan
México en su camino hacia Estados Unidos, buscando burlar los puestos de
control localizados en la carretera Panamericana y siguiendo este camino que
los lleva hacia la presa la Angostura.
La revista Proceso
publicó ese mismo viernes una nota en la cual indica que “pobladores de la
región sospechan que las osamentas podrían pertenecer a desaparecidos
centroamericanos, pues los caminos rurales, las veredas y demás atajos del
ejido San Juan Carrizal son usados por los indocumentados para burlar a las
autoridades migratorias y puestos de control del Ejército y la Policía”, además
de que dicho ejido es una de las más de 20 rutas usadas por los polleros.
Incluso el edil local, David Escobar García, declaró
en entrevista telefónica con diario El
Universal que “las osamentas podrían tratarse de inmigrantes
centroamericanos que buscaban llegar a Estados Unidos”; a la par, varias
autoridades coincidieron en que algunos de los restos podían tener ya muchos
años.
Cabe destacar que desde 2006, cuando Felipe Calderón
inició la guerra contra el narcotráfico, se han hallado fosas clandestinas –la
mayoría relacionadas al crimen organizado– en nueve entidades de la República.
“Restos
prehispánicos”, dicen autoridades
A pesar de que los medios reportaron el hallazgo
como “fosa clandestina”
–incluso una nota del sitio NoticiasNet tenía una fotografía de un cráneo que todavía tenía algo
de carne–, la noticia no trascendió de inmediato, y no fue sino hasta el 11 de
marzo cuando empezó a cobrar interés nacional que varios medios aseguraron que
se trataba de “una cueva con restos prehispánicos”.
Inicialmente se dijo que los restos podían 50 años y
ser de ciudadanos guatemaltecos; no obstante, el diario Milenio informó que después de dos días de estudios las autoridades
correspondientes “dictaminaron que los restos corresponden a finales del
periodo clásico tardío y principios del posclásico (del 700-800, al 1100-1200
D.C.), por lo que podrían tener una antigüedad de hasta mil 300 años”, alegando
que la presencia de policías y militares fue lo que generó alarma entre la población
e inició el rumor de fosas clandestinas por ser la región “una zona vulnerable
al narcotráfico, tráfico de armas e indocumentados”.
Esta versión fue corroborada por Emiliano Gallaga,
delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el cual
explicó que la osamenta tiene características de un cementerio prehispánico,
así como la tonalidad de las propias estructuras óseas.
Para el 13 de marzo, Javier Montes de Paz, experto
del INAH comisionado para la investigación del caso reiteró lo confirmó lo
dicho por Gallaga, moviendo la discusión a la responsabilidad de las
autoridades de la PGJE por haber manejado mal el supuesto hallazgo prehispánico.
Desde el 15 de marzo, prácticamente sólo medios
internacionales (chilenos, polacos y franceses, entre otros) se adhieren a la
versión de que son restos o de hace 50 años –posibles víctimas de conflictos
sociales en Guatemala– o de migrantes indocumentados. Los diarios mexicanos repiten
lo dicho tanto por la PGJE como por los especialistas, de quienes no se ha
sabido si ya tuvieron acceso a las osamentas.
Por @aranhera

¿Por qué ésto no lo pasan en los noticieros? Es una farsa, está claro que se trata de cadáveres de indocumentados.
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