Foto: Quórum Informativo
Por @Eponiatowska
En México no tenemos la costumbre de dar. La excusa “se trata del patrimonio de mis hijos” justifica la falta de generosidad en la que también campea la desconfianza hacia el gobierno. Carlos Monsiváis fue un dador. Decía que él no tenía hijos pero sí nietos y sus nietos fueron sus colecciones.
Muy pronto, los cuadros de Toledo, los dibujos de Eisenstein, los de José Guadalupe Posada, los de Soriano, los de Ricardo Martínez, los grabados del Taller de Gráfica Popular ya no cupieron en San Simón, su casa y un buen día Monsi amaneció con el propósito de regalarlo todo.
Recuerdo que una vez, el jefe de gobierno del Distrito Federal compró un mural de Leopoldo Méndez, el grabador más valioso de México, para exponerlo en “El Estanquillo” que todos conocemos como el museo Monsiváis. Ese recuerdo me permite, Marcelo Ebrard Casaubon, decirle que el martes 15 de noviembre de 2011 usted dio una lección de política que le agradecemos los mexicanos. Usted fue más allá de sí mismo, creció y ganó crédito ante un sector incrédulo y desencantado. Lo que pudo ser una pesadilla para nuestro país resultó una esperanza gracias a su actuación impecable.
Muy pronto, los cuadros de Toledo, los dibujos de Eisenstein, los de José Guadalupe Posada, los de Soriano, los de Ricardo Martínez, los grabados del Taller de Gráfica Popular ya no cupieron en San Simón, su casa y un buen día Monsi amaneció con el propósito de regalarlo todo.
Recuerdo que una vez, el jefe de gobierno del Distrito Federal compró un mural de Leopoldo Méndez, el grabador más valioso de México, para exponerlo en “El Estanquillo” que todos conocemos como el museo Monsiváis. Ese recuerdo me permite, Marcelo Ebrard Casaubon, decirle que el martes 15 de noviembre de 2011 usted dio una lección de política que le agradecemos los mexicanos. Usted fue más allá de sí mismo, creció y ganó crédito ante un sector incrédulo y desencantado. Lo que pudo ser una pesadilla para nuestro país resultó una esperanza gracias a su actuación impecable.
Carlos le tenía mucha fe a su museo. Para quienes no entran a los museos porque se “chivean”, el Estanquillo era y sigue siendo un “pásale, pásale, tu nomás pásale”, un papalote, un museo de niños para adultos, un sitio lúdico y entretenido, que hace que los espectadores se sientan bien y se diviertan, un museo cálido en el que es posible que los tímidos y los apocados jueguen y escuchen la voz mágica que sale de los “audios” y se integren, se “piquen” y recorran con emoción el acervo de sortilegios y maravillas a su alcance.
Antes de seguir debo aclarar que este museo no sería posible sin el trabajo también risueño, constante y eficaz de Rafael Barajas “El Fisgón”.
Antes de seguir debo aclarar que este museo no sería posible sin el trabajo también risueño, constante y eficaz de Rafael Barajas “El Fisgón”.
Todos los sábados El Fisgón y Monsiváis iban a la Zona Rosa a buscar antigüedades, cuadros, grabados, libros, caricaturas que ahora conforman las piezas de este museo. Competían, a ver quién le ganaba a quien, se carrereaban “yo lo vi antes”, “es mío”, le entraban a fondo a ese juego de destreza, astucia y marrullería propio del coleccionista. Todo era para el museo. En su casa, Monsi solía enseñar las maquetas de la señora Teresa Nava y me reprendía porque yo las llamaba sus “casitas”. Con el pretexto de que “a ti se te va a perder” o “tú no lo sabes cuidar, mira nada más cómo lo tienes” se llevaba cartas, dibujos y fotografías de mi guarida e hizo bien porque aquí están mejor y más contentos.
También nosotros estamos contentos por la legalización o entrega oficial de este espacio monsivaisiano y fisgoniano en este edificio de “La Esmeralda”, en la esquina de Isabel la Católica y Francisco Madero, en el que alguna vez don Porfirio vino a comprarle a doña Carmelita alguna esmeralda para ofrecérsela en el día de su santo. Es así también como un muchachito pobre del barrio de Portales, de la colonia San Simón, se apareció un día con un acervo de prendas centelleantes, trepó a la torre y coronó a la antigua joyería con la esmeralda más pura de todas, la de su inteligencia y la de su corazón.

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