El día de ayer el candidato de la izquierda a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, se presentó en el noticiero de Joaquín López Dóriga. Después de 5 años de censura hacia su persona y el movimiento que representa.
El conductor del noticiero, dijo que la persona que estaba sentada frente a él, no era el mismo López Obrador del 2006, el que crispaba, señalaba, calificaba y descalificaba. Obrador afirmó que eso se debía a sus circunstancias y citó a Ortega Gasset con su frase “uno es uno y sus circunstancias; si no salvamos nuestras circunstancias no nos salvamos nosotros”.
Aunque acusó a Televisa por venir proyectando a Enrique Peña Nieto, con la finalidad de imponerlo como presidente. Ofreció también una reconciliación a la televisora y estrechó su mano con la de López Dóriga. Lo cierto es que nadie se hubiera podido imaginar al candidato que contendió para la presidencia en el 2006 ofreciéndole su mano a una figura representativa de esta concesión a la que ha criticado con tanta dureza. Y no sólo eso, si no que agradeció la invitación y expresó la necesidad que se tiene de los medios de comunicación, pues, dijo que le llevó 5 años recorrer cada municipio de la república y que esa noche, estando ahí sentado, millones de personas podían verlo. Además negó ser una persona vengativa, pero si justa.
También, destacó que la diferencia entre las elecciones del 2006 y las próximas elecciones, se encuentra en que ahora su movimiento tiene más organización. Reiteró que sólo el “pueblo puede salvar al pueblo” y que la transformación que requiere México necesita indispensablemente la organización y que los mexicanos opten por el cambio.
Aseguró que el régimen actual está podrido y que el cambio es necesario. Por lo que los ciudadanos tendrían sólo 2 opciones en la siguiente contienda electoral, más de lo mismo o un cambio de fondo. Aseguró que para sacar adelante al país, se requiere de un cambio verdadero.
Otra diferencia, que consideró histórica, fue el hecho de que no hubiera ninguna ruptura en el PRD por su nombramiento, mérito que le otorgó a Marcelo Ebrard, quien actuó con gran inteligencia política y mucha responsabilidad.
Finalmente, invitó a la inauguración de una nueva etapa y agradeció nuevamente, por la oportunidad que se le ofreció, para poder aclarar sus planteamientos, sin ninguna confusión como había sucedido en años anteriores.
El López Obrador que se sentó en la silla frente a López Dóriga, se vio tranquilo, amable y sorprendentemente reservado y mesurado, diferente al que se mostraba en las vísperas del 2006.

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